lunes, 3 de octubre de 2011

El toro por los cuernos

Así es, como en una corrida de toros, la vida misma o situaciones de ella son asimilables.
Esta ultima semana no fue otra mas en mi haber, arranco distinta desde hace dos viernes atrás, y con una llamada a mi teléfono celular se desencadeno una semana intensa donde varios quedamos sin burladero.
Es como en las corridas de toros, no son de mi agrado, no me gustan ni las vería en vivo  y todavía ( y creo que de por vida) no se si estoy de acuerdo con ellas o no, pero... Ahí están y me atraen, debo confesarlo, me fascinan esos trajes de luces que se ponen los matadores, esos que no dejan nada para la imanación, bien ajustados. Me atraen, el capote flameando, el toro mirando fijo, la jugada del torero dándole la espalda, las banderillas, las duquelas.
Y a mi que me suena el teléfono un viernes a las 23:20. Para que digo yo. Esa llamada me convenció de que con quien trataba tenia menos de viveza e inteligencia de lo que yo pensaba y que no midió la distancia de su capote. Pelea telefónica con discusión. Derivo en otra charla con el principal implicado, con reproches pensamientos y ultimátum.
Detesto las discusiones y las peleas, me parecen un desgaste de energía imposible de tolerar. Pero cuando tengo que protagonizar alguna me agarra una cosquillita de morbo en el estomago. Me atrae. combatir verbalmente. Salir victoriosa de la plaza con orejas en mano.
Es como cuando hago zapping y veo al matador corriéndole con arte el capote mientras esta de rodillas frente al toro desafiante y quedarme mirando. Esa atracción inexplicable a la subida de voz y el desafió mediocre de otra persona. La atracción sin mucho sentido a los brillos y colores de la chaqueta del torero. El tono de la discordia. La elegancia al clavarle la espada al animal. El arte de la palabra justa para ganar el combate.
No aguanto mas de un minuto viendo si la corrida ya empezó, cambio de canal con la cabeza aturdida. Luego de colgar el teléfono me llevaba el diablo y quede con el nombre atravesado en el apellido. Pero allá en el resquicio de lo incomprencible se cuela el gusto y la satisfacción.
Y no se gana mas que las batallas insignificantes.

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